martes, 14 de marzo de 2017

Querido Freud.

Querido Freud,

llevas muerto unos cuantos años. Afortunadamente, un día conseguiremos enterrar todas tus teorías contigo. Porque es difícil estar equivocado de manera tan absoluta como tú; parece que lo hayas hecho aposta. A lo mejor estabas riéndote de todos nosotros y se nos ha escapado la broma.

Porque, querido Freud, la mayoría de las niñas no tienen envidia de pene. Ninguna que yo conozca, desde luego. Es más: ninguna niña en el ancho mundo ha sufrido una castración como tú dices porque, agárrate a la silla, tanto niños como niñas como todos los géneros intermedios comienzan con la misma estructura. Échale una pizca de andrógenos durante el desarrollo fetal, y se convierte en un pene. Deja que siga desarrollándose y se convierte en un clítoris. Si las circunstancias se complican, nos encontramos con una persona intersexo, pero bastante movida te estoy montando como para meterme en eso ahora. Otro día.


Querido Freud: el orgasmo vaginal no es mejor que el clitoriano. De hecho, lamento decirte que el orgasmo vaginal no existe: también es clitoriano. Porque el clítoris no es una cosica pequeña y escondida en el exterior de la vagina, sino que se extiende también por dentro y es su estimulación, tanto interna como externa, lo que provoca el orgasmo femenino. Incluso aunque el orgasmo "vaginal" fuese mejor que el otro, te voy a dar un disgusto: no lo es porque involucre a un pene, porque un instrumento recto es la peor manera de estimular el clítoris internamente. Adivina qué sí consigue estimularlo bastante bien. Exacto.

Querido Freud: a estas alturas, lo debes estar flipando. Verás cuando alguien te comente que tener un hijo no soluciona de ninguna manera una envidia de pene que no existe. Muchas mujeres tienen hijas, y seguimos sin pene. Muchas mujeres tienen hijos sin que un hombre intervenga más de lo estricta y biológicamente necesario. Muchas mujeres no tienen hijos, tienen libros, o carreras, o viajes. Y eso también solucionaría la inexistente envidia de pene.

Sigmund, permíteme que te tutee porque a estas alturas has estado suficientemente involucrado con mis genitales como para que me tengas hasta las narices. Porque, vamos a ver, Sigmund, ¿quién en su sano juicio, poseyendo un clítoris, tendría envida del pene? El clítoris, querido Sigmund, no está expuesto para que cualquier golpe nos deje fuera de combate. El clítoris tiene más de ocho mil terminaciones nerviosas, y tu amado pene no tiene más que unas cuatro mil. El clítoris es el único órgano cuya función exclusiva es la de proporcionar placer. Tengo todo un órgano, querido Sigmund, dedicado a pasármelo bien.

Y tú tienes un pene, el subconsciente empantanado y un montón de teorías que a estas alturas están siendo desmentidas una por una.

Como para tenerte envidia.


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