viviendodelacontradicción

domingo, 19 de octubre de 2014

Relatividad

No sé si alguno habéis hecho spining, pero creo que esta sensación se aplica prácticamente a cualquier deporte con el que te quieras torturar. El caso es que se empieza con un calentamiento suave y poco a poco, empieza a subir la intensidad. La resistencia de la bicicleta, la velocidad a la que corres, el peso que levantas. Hasta que llegas a un punto que crees que es tu máximo, que vas matada. Ya no puedes más. 100%. Y entonces, el monitor barra torturador te dice que lo subas un poco más. Y tú, que eres tonta barra masoquista barra muy atlética, subes la resistencia o la velocidad o el peso. Ahora sí que has llegado al máximo. Te estás muriendo. ¿Es ese tu pulmón, que se arrastra por el suelo pidiendo piedad? ¿Tus pulmones no deberían estar dentro de tu cuerpo? ¿Está bien que se te escapen órganos internos?

Pero después de lo que parece una eternidad, la música baja el ritmo, tú bajas la intensidad. Y aunque has vuelto a lo que diez minutos antes creías que era tu máximo, ahora sabes que no lo es y ya no te estás muriendo, sino que pedaleas feliz cual protagonista del remake de Verano Azul. No silbas, porque tus pulmones siguen en el suelo, pero sabes que este no es tu máximo. Tu máximo, cuando ya no puedes más, cuando se te van las fuerzas y las entrañas literalmente a los pies, está un poco más arriba. Y seguramente si en ese momento te pidiesen que subieses la intensidad un poco más y por alguna razón lo hicieses, descubrirías que ese tampoco era tu máximo.

Hace un par de años, creí que había llegado al máximo nivel que cualquier ser humano puede resistir, física y psicológicamente. Estaba agotada. Se me escapaban los órganos internos. Aquello solo podía ir a mejor. Me equivocaba. El año pasado fue más duro. Me pidió mucho más. Estaba al máximo. Iba matada. Ahora he vuelto a bajar el ritmo y, aunque mis pulmones están por el suelo y mi cerebro me pide a diario que le dé las suficientes horas de sueño, si no es mucho problema, sé que puedo dar más. Siempre se puede dar más. Tu máximo siempre es relativo. Siempre es un poco más de lo que estás dando.

Es bueno saberlo.