viviendodelacontradicción
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Tengo los huesos de cristal y sólo veintiún años corriendo por las venas. Quiero recuerdos inolvidables para cuando esté muerta.

domingo, 1 de febrero de 2015

Agradecida y emocionada...

Hoy, he estado hablando con mis niños de hacer el bien y de recibir el bien. Hemos llegado a la conclusión de que, aunque se nos ocurrían muchas personas a quienes le daríamos una cinta azul como reconocimiento por su impacto en nuestra vida, era difícil pensar en quién nos la daría a nosotros. ¿Un amigo? ¿Un compañero de clase? Y, lo que es más, aunque para nosotros estaba claro que nuestros padres, abuelos, amigos y profesores merecían nuestra cinta azul, no estábamos seguros de que ellos lo supiesen.

¿Por qué?

Parece ser que decimos poco, muy poco, gracias. Gracias de verdad, no las gracias que se dan cuanto te pasan la sal o te sostienen la puerta. Gracias por tu ayuda. Gracias por tu escucha. Gracias porque eres una persona importante para mí y, sin ti, mi vida no sería la misma. Lo decimos poco o nada, pero estamos dispuestos a cambiar esta tendencia.

Así pues, gracias, querido lector, porque estás aquí. Y sin nadie que me leyese, sería solo una mujer loca hablando sola en Internet. Gracias por aguantarme. Gracias.

Y gracias, querida persona a quien conozco en persona, por quererme, por aguantarme, por escuchar mis discursos indignados, mis divagaciones feministas, mis crisis existenciales. Gracias por llevarme a museos, contarme cuentos, acompañarme al cine, leer lo que escribo y aguantarme, en general. Gracias porque, sin ti, mi vida no sería la misma. Sé que esto es un poco vago, pero no me quiero poner más emotiva de lo necesario. No obstante, tranquilo: te lo diré en persona.

Os invito a que esta semana, deis las gracias a alguien. Gracias de verdad. Y que a su vez le invitéis a dar las gracias. Algo así como la cadena de favores: la cadena de reconocimiento. Vamos a poner de moda dar las gracias.

viernes, 30 de enero de 2015

Retos

Ayer, jueves, terminé un curso en el Instituto Cervantes sobre construcción de novela. Unas clases más interesantes que otras, algunas sencillamente emocionantes, pero en general útil para lo mismo que todos los demás: para proporcionarte un montón de teoría y de técnicas, de cosas que se deben y no se deben hacer, para obligarte a reflexionar y para darle un nuevo empujón a la vocación escritora que cada uno lleve dentro. Pero lo mejor de los cursos y los talleres literarios es que, al final, toda esa teoría solo importa si sigues escribiendo y, sobre todo, que puedes hacer cualquier cosa si funciona.

Pero ayer también me dieron los ejercicios que vamos a tener que hacer en la asignatura de Escritura Creativa. Y, vaya por Dios, esta profesora dice todo lo contrario: que no todo vale en la literatura. Que hay cosas que sí, y muchas más cosas que no. Y que muy poca gente sabe escribir y mejor sería que se dedicase a otra cosa. Su lista de ejercicios dice exactamente eso: no sabéis describir como los clásicos, no sabéis hacer sonetos como los clásicos, no sabéis hacer diálogos clásicos, no sabéis escribir como debe hacerse. Pero no os preocupéis, que yo os voy a enseñar.

A mí esa actitud me mata la alegría de escribir. Me planto ante esos trece ejercicios obligatorios, que no solo tienen instrucciones muy concretas, sino que sé que van a ser corregidos de una manera muy intolerante, y me entran ganas de no coger un boli hasta que acabe el curso. Pero, como os he dicho, son obligatorios. Y además, no pienso dejar de escribir porque haya gente muy loca en mi facultad. Faltaría más. Así pues, os propongo un reto.

Cada jueves, yo tengo que llevar uno de los ejercicios y los comentaremos en clase. Ese día (o en los siguientes, si la vida me come) colgaré aquí mi ejercicio y el enunciado de la semana que viene. Si queréis acompañarme, si os inspira o si os apetece darle en las narices a mi profesora, podéis escribir vosotros también. Colgadlo en los comentarios, colgadlo en vuestro propio blog y enlazadlo. O guardadlo en un cajón donde nadie pueda verlo, cada uno con sus preferencias. Al fin y al cabo, esto es solo para compartir este ejercicio frustrante y, con un poco de suerte, hacérmelo más ameno.

Así pues, comenzamos.

1) Descripción de un objeto: elementos formales. (Sugerencia: un cuadro)

Suerte.

domingo, 18 de enero de 2015

Desde fuera

"Se ha seguido viendo desde afuera: se vio subir aquella pendiente, saliendo él también por la puerta del error, tal como nos vemos y juzgamos en los sueños, con el privilegio dudoso de estar duplicados y habernos convertido en una suerte de espectador o testigo amordazado frente a la pantalla que nos retrata, un autor al que se le va de las manos su personaje, sin posibilidad de salvarlo o siquiera advertirle de lo errado que está y hacia qué profundo abismo se encamina. Un cristal grueso, sí, que nos separa de nosotros mismos, una de esas lunas blindadas de los bancos y las joyerías. Y uno mismo, de alguna forma, situado a ambos lados y a la vez inerme, sin medios de comunicarse con su otro yo para salvarlo o salvarse."

Ernesto Calabuig. Caminos anfibios

Solo tres más para acabar. O para empezar. Quizá sea para seguir y yo le estoy dando demasiadas vueltas. Pero mientras lo pienso, me voy escapando y me veo cada vez más lejos. Víctima, verdugo, actriz y espectador o testigo amordazado.