lunes, 6 de marzo de 2017

Ni una menos

Esta tarde, estamos convocadas. En la Puerta del Sol, a las seis, concretamente. 



Pero es una convocatoria, es un grito que debería llenar todas las puertas, todas las plazas. Nos están matando, y nadie está haciendo lo suficiente. Porque no se creen nuestras muertes, porque el grupo que ejerce este terror no está organizado ni responde a ningún nombre o religión, porque se creen que un feminicidio es como cualquier otro asesinato y, mirando las cifras, es cierto que mueren más hombres aunque no sea a manos de su pareja, de la persona con la que habían elegido construir su vida. Aunque no sea en su propia casa.Porque creen que por pedir que no se maten mujeres, se está diciendo que no mueren hombres, o que la violencia doméstica ejercida contra ellos es menos importante. Todo lo contrario. Aunque no llegan a los diez al año (la última cifra oficial es de 2013), que haya hombres asesinados por sus parejas y que se les de menos importancia, es también problema nuestro. Del feminismo.

Lo que no es problema nuestro es que haya mujeres que diariamente viven con miedo, que haya niños que tienen que ver morir a sus madres, que haya familias que viven con el terror metido hasta la cocina. Que haya madres que tengan que enterrar a sus hijas porque su yerno no era quien ellas pensaban. Que haya ocho ahora, después de casi un mes, cuatro mujeres pasando hambre y frío en la calle, y se hable más de la multa que les ha puesto la policía municipal que de su manifiesto. Ese problema no debería ser de las víctimas, pero una vez más, lo han dejado en nuestras manos.

Comienza 2017 y ya han sido asesinadas más de quince mujeres. Si seguimos al mismo ritmo, este año morirán un centenar. Las perderemos a manos de novios celosos, de maridos y exmaridos que nunca pudieron verlas como sus mujeres, sino como sus esclavas, sus sumisas, sus posesiones. Y desde la asociación Ve-la luz se pide que esta violencia continuada se considere terrorismo, que se proteja más y mejor a las víctimas, que se proteja a los menores, que no se permita que un maltratador mantenga el derecho que ha perdido sobre sus hijos, que se proporcionen más métodos a las instancias encargadas de protegerlos. En definitiva, que se firme un Pacto de Estado en el que se considere que este es un problema de todos, que nos afecta como país y así debería ser tratado.

Podéis acercaros a Sol, a ver a las cuatro mujeres que llevan un mes en huelga de hambre y las diez mujeres y un hombre que se les han unido hace poco, a transmitirles vuestro apoyo, porque lo necesitan. Podéis firmar. Podéis llenar esta tarde la plaza con vuestro cuerpo y vuestra voz. Podéis, si estáis lejos como yo, firmar en Change.org para que su manifiesto llegue lo más lejos posible.


Porque tenía razón la terapeuta de Pamela Palenciano: no solo duelen los golpes. Y a mí, que ni mis padres me han dado un azote cuando era pequeña, me duele cada cifra, cada nombre, cada historia y cada superviviente.

Me duele cada insulto, cada grito, cada golpe que no me han dado, porque sé que otras los reciben.

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