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martes, 17 de noviembre de 2015

Eres...

Un poco de música para ahuyentar la niebla.



Eres lo que menos me conviene,
lo que tanto me apetece,
lo que más me da la gana.


viernes, 18 de septiembre de 2015

Retorno

Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Si así fuera, yo no podría pisar Bolivia, Roma, Londres; no debería ni pensar en algunos campamentos, ni hablemos de aquellos parques y de aquel charco. Aunque yo lo hago: una y otra vez, vuelvo al lugar donde fui feliz y, aunque los recuerdos son agridulces y la nostalgia abrumadora a veces, lo cierto es que no me han impedido volver a ser feliz. Pero vale: hagamos caso a nuestros mayores. Aceptemos que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.Nos queda claro a todos.

Pero, ¿y al lugar donde no lo has sido? ¿Y al lugar donde pasaste horas interminables, donde conociste gente a la que no tienes ningún interés en volver a ver, donde te asombraron los infinitos límites de la ineptitud humana? ¿Por qué nadie habla de volver a esos sitios?

Yo también vuelvo a esos sitios. He vuelto mucho a mi antiguo instituto. Y el lunes, fui de visita a la universidad. Al lugar en el que no podía pasar ni un día más. Volví y, libre de la obligación de puntualidad, de asignaturas que ni me gustan ni me interesan, de profesores arbitrarios y favoritistas, de compañeros petardos y de insufribles sabelotodos... Oye, que me gustó. Libre de ser universitaria, la universidad me volvió a encantar.

Hay que seguir adelante, siempre adelante, estoy de acuerdo. Pero que esa línea recta huyendo del tiempo no os impida volver. Volved a los lugares donde fuisteis felices. Y volved también a donde no lo fuisteis. Porque la hierba os parecerá más verde, los edificios más bonitos, la gente más amable. El regreso te reconcilia con los recuerdos, te reconcilia con la vida.  Se ven las cosas de otra manera.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Emoción compartida

Ayer fui al concierto de mi vida. No es el mejor concierto al que he ido, ni siquiera mi artista favorito. Pero fue el concierto de mi vida porque llevo esperándolo diez años.

Fito es el único que me sigue gustando tanto como cuando le conocí. Que siempre funciona. Que suena a volver a casa, ponerse ropa cómoda y hablar con tu persona favorita. Es la música que pongo cuando no me apetece escuchar música. Es la banda sonora de tantos buenos momentos. Es la canción del reto, en la que llevo invicta tres años. Aunque no me importaría perder esta Nochevieja.

De tanto hacerlo sin parar, me acostumbré a respirar y a derrochar el aire fresco

Cuando apenas estaba empezando a gustarme, estábamos en el coche mi cuñado y yo, en el asiento de atrás. Creo que todavía no se había casado con mi hermana, así que yo debía ser bastante pequeña. Sonó una canción de Fito en la radio y mi cuñado señaló su brazo y dijo: "Mira. Tengo la carne de gallina". Fue la primera vez que supe que te podías emocionar así con la música. Hasta entonces eran canciones divertidas, canciones que me sabía, canciones que podíamos cantar a gritos en un viaje en autobús. No sabía que existía esa emoción.

Después de un invierno malo, una mala primavera...
Pero a partir de ahí lo supe, y cuando sabes algo no puedes dejar de saberlo. Puedes olvidarlo, pero siempre puedes contar con Fito para volver a recordártelo. Siempre puedes volver a casa.

Ayer pasé dos horas en una plaza de toros con veinte mil personas, emocionándonos a la vez. Sintiendo lo mismo. Fue uno de esos conciertos en los que te encantan todas las canciones, en los que cantan todo lo que querías oír. Me dolía la espalda, me molestaban los ojos, tenía hambre y sed, llevaba dos horas esquivando a un hombre que medía metro ochenta para conseguir ver el escenario. 

Todo lo que sé me lo enseñó una bruja
Y lo hubiese hecho dos horas más. Porque en el último bis, cuando quedaban dos canciones, me quejé. No han cantado La casa por el tejado. No han cantado mi canción. Adivinad qué canción empezó a sonar...


jueves, 14 de mayo de 2015

Se nos quema el monte

"Si puedes soñarlo, puedes hacerlo", decían. Lo decía Andrés, en concreto. Ya sabéis qué Andrés. Mi Andrés. "Querer es poder". Pero resulta que no, que querer es solamente querer. Y a veces, no es suficiente.

Así que estás vendiéndome humo, Andrés, seguramente mientras te lleves a cualquier niña mona detrás de cada escenario. No te juzgo, que esa es tu vida y esta es la mía, y yo aquí he venido porque me dices cosas bonitas, y lo que hagas detrás de una puerta cerrada o incluso en el baño de cualquier discoteca, sin pestillo ni nada, no me importa. Véndeme un incendio, que hasta te diré que me gusta.

El verdadero problema lo tengo con esas personas cuya vida sí te importa y aun así siguen haciendo hogueras con leña verde. Esas personas que de tanto hablar se les va a quemar el monte. Esas personas que no saben que ni el blanco es negro, ni lo malo es bueno, ni querer es poder. Que las cosas son lo que son, y raramente son algo más. Y quizá por eso, porque no saben que poco más podemos esperar, se quedan en nada.

Así que tú, Andrés, véndeme el humo del color que más te guste, cántame todo lo que nunca debiste componer y mientras tanto, besa a la más bella de Madrid y que cada noche tenga un nombre. Eso sí, que siempre calce más de un treinta y seis. No se nos vayan a joder las canciones. Pero el resto, vamos a cuidar del medio ambiente. Vamos a comer más nueces y hacer menos ruido. 

Vamos a callarnos, que hace tiempo que se nos pasó el momento de las palabras vacías.

lunes, 30 de marzo de 2015

22

Hoy, cumplo 22. Y parece una edad importante, no sé por qué. A lo mejor porque acabo la carrera. A lo mejor porque es capicúa, y eso solo pasa cada once años. A lo mejor porque Taylor Swift me escribió una canción. El caso es que me ha dado por echar la vista atrás. Y quería decirme algo.

Querida yo de 11 años, no sabes la que se te viene encima. Si te cuento los once años que tienes por delante, seguramente no me creas. Vas a vivir los mejores y los peores momentos de tu vida, vas a ganar la lotería y vas a perder más de un tesoro. Pero no te preocupes, porque de tanto romperte vas a descubrir que nada es irreparable. Y al final, te quedarás con lo bueno. Con las risas, con los amaneceres, los lugares imposibles, las personas que te dejaron sin respiración. Querida yo de 11 años, no sabes la que se te viene encima. Ni lo que va a gustarte.

Por cierto... No vas a crecer más. Disfruta de ser (casi) la más alta de la clase, porque en diez años tus sobrinas te estarán dando capones con la barbilla. Aprende a reírte, empezando por eso y terminando por todo lo demás. Nos vemos en once años.

Querida yo de 33 años... ¿Qué tal? ¿Cómo nos va la vida? ¿Acabaste ese libro, o cualquier otro? ¿Qué vino después de lo que viene después? Espero que seas feliz. Espero que todo lo que estoy haciendo ahora te ayude a ser quien eres y a hacer lo que haces. Sea lo que sea, espero que no tengas mucho de lo que arrepentirte y sí mucho de lo que estar orgullosa. ¿Alguna sugerencia?

Y querida yo de 22 años... Vamos a disfrutar del momento. Que la vida son dos días y tenemos mucho por lo que cantar.

We're happy, free confused and lonely in the best way...

jueves, 24 de julio de 2014

Untouchable

A veces, encuentras canciones. Y a veces, ellas te encuentran a ti. Sin querer. Y te dicen algo completamente distinto a lo que ibas buscando en ellas. Te toman la vida por asalto. Te obligan a escuchar y a sentir y a recordar y a escribir. Cómo no.


I feel you outside, at the edge of my life.
I see you walk by, at the edge of my sight.

domingo, 6 de julio de 2014

Día 3: Hoy comemos con Isabel

Definir el amor es una cosa muy absurda. Ponerle límites, ponerle barreras y etiquetas. Siempre me he negado. Y es que el amor puede ser llegar a casa después de un viaje muy largo, puede ser mirarse y saber lo que está pensando el otro; puede ser hacer un bizcocho improvisado, puede ser una conversación a las seis de la mañana. Puede ser una canción, un poema o un libro, o ninguna de estas cosas. Puede ser tragarse esa película que le gusta tanto a tus niñas, o contar historias de campamento hasta quedarse sin voz. Puede ser recoger a tu madre a la hora de la siesta. 

El amor no tiene definición pero, curiosamente, todos sabemos lo que es. "Yo nunca me he enamorado". Mentira. Todo el mundo se ha enamorado de una historia, de un paisaje, de un atardecer. Todo el mundo tiene su canción. No es necesario casarse para enamorarse. Solo saberlo.

La piel y el aliento que yo quería por las mañanas...

martes, 11 de febrero de 2014

Frozen

En la línea de la entrada anterior, uno de los mejores musicales que he visto es Wicked. Y en parte por su culpa, estoy obsesionada con Frozen. La vi el sábado anterior y me condené -a mí y a todos los que están a mi alrededor-. Es un peliculón, y me parece hasta ofensivo que la gente la menosprecie por ser de animación o por ser para niños. Precisamente por ser para niños deberíamos prestarle más atención. Porque como adultos podemos entender todos los mensajes maravillosos que transmite. Y como me gustan las listas... (cuidado que vienen spoilers) (Me disculpo por adelantado por el peñazo que voy a soltar. Os quiero).

20 Razones por las que me gusta Frozen

1. Idina Menzel. No debería ser necesario explicar esto, pero sabed que Idina es una magnífica actriz y cantante en Broadway, y la persona que dio vida a Elphaba y voz a Elsa. Una cantante con un rango vocal impresionante, una profesional tan dedicada que salió al escenario después de un ataque de asma y no desafinó. En serio, si no la conocéis, vergüenza sobre vuestra vaca.

2. Kristen Bell. Es decir, la voz de Anna. ¿Quién sabía que la chica obsesionada con los perezosos podía cantar así? Yo no.

3. Wicked. Las semejanzas entre Elsa y Elphaba son innumerables. Empezando por Idina y terminando por sus canciones estrella. No me pongo a analizarlo demasiado porque es muy largo, pero... *lagrimita*

4. Es un canto al feminismo. Anna se enamora, sí, pero es casi un efecto colateral de su aventura. La historia principal, la que mueve el argumento, es la relación entre las hermanas. Anna no deja a Kristoff que entre con ella al palacio de hielo porque sabe que él puede estar en peligro y ella no, tampoco deja que se encargue de Hans: no necesita un hombre que cuide que ella. Nadie exige a Elsa que se case para ser reina. Las chicas se valen solas.

5. La familia. Porque por primera vez los padres de una princesa Disney no están muertos desde el principio ni ausentes ni son malvados represores: son padres normales que intentan ayudar a su hija lo mejor que pueden y aun así fallan. Y la relación entre hermanas... No se ha visto nada semejante desde Supernatural.

6. Las hermanas. Pensadlo por un momento: aproximadamente con cinco-siete años (¿cómo se estima la edad de un dibujo animado?...) Elsa se encerró en su cuarto y se convirtieron en extrañas. Anna lleva llamando a la puerta cerrada de su hermana unos trece años y aun así, cuando congela el reino, sabe que puede arreglarlo. Está basándose en recuerdos -alterados para más inri- y aun así confía ciegamente en ella. Eso es amor verdadero.

7. Kristoff. No sólo es amable, honesto y básicamente bueno en el buen sentido de la palabra, sino que es un tipo normal. Un vendedor de hielo. Y no aspira a ser un príncipe al querer a Anna: sigue con su negocio de vender hielo. Y le pide permiso para besarla. Hay que quererle.

8. El villano. Un malo malísimo ambicioso, complejo, manipulador y violento, como sacado de Juego de Tronos. ¿Alguien se lo esperaba? No, nadie se lo esperaba. Por eso es tan genial.

9. Los poderes de Elsa. No sólo son preciosos -no me extraña que Kristoff quiera llorar con el palacio de hielo-. También son un reflejo de sus sentimientos: el palacio cambia de color según ella sea feliz, esté asustada, tenga miedo... Y voy más allá: Elsa sólo pierde el control de sus poderes cuando tiene miedo de herir a otros. Antes de herir a Anna por primera vez, tenía un control perfecto. Cuando está sola, construye un palacio de la nada: sólo cuando aparece Anna de nuevo pierde el control. Es precioso.

10. Olaff. Un muñeco de nieve que sueña con el verano. Nada más que añadir.

11. El diseño y la animación. No sé si os dais cuenta, pero la mitad de la película transcurre en una nevada perpetua, es decir, en un blanco en el que se distinguen perfectamente todas las partes. Hay todos los matices de blanco que deben distinguir los inuits. Y las trenzas. Y cómo cada una tiene unos gestos cuando está contenta y cuando está triste. Porque en una película con actores, esto puede ser hasta involuntario, pero en una película animada cada gesto está diseñado. Los dibujantes pensaron en esos detalles.

12. La banda sonora. Y no hablo sólo de Let it go, que obviamente. Es que Do you wanna build a snowman es la canción más triste del mundo, y Love is an open door es tan adorable que quiero cantarla en mi boda, y las voces y la energía de Frozen Heart... Argh.

13. Let it go. LET IT GO. Let it go. Let it go...

14. Idina Menzel. IDINA MENZEL. ¿He dicho ya Idina Menzel? Creo que no he dicho lo suficiente Idina Menzel. Idina. Menzel.

15. El guión. Quiero decir, esta película para niños tan tonta tiene frases muy, muy significativas. Y muy, muy graciosas.

16. Las niñas. Anna siendo una Drama Queen. Elsa siendo feliz. Y esas vocecillas. Quiero adoptarlas.

17. Gays. El vendedor dice que su familia está en la sauna. Y en la sauna hay un hombretón rubio y unos cuantos niños. ¡Es la primera familia con padres del mismo sexo en Disney y nadie está diciendo nada! ¿Por qué?

18. "No te puedes casar con un hombre que acabas de conocer." Gracias, Disney. Por fin te das cuenta. Nunca es demasiado tarde.

19. Elsa iba a ser la villana. En un principio, la película se basó en la historia de La reina de las nieves, de Andersen, y Elsa iba a ser mala. Y gracias a Dios, se dieron cuenta de que aquello no iba a ninguna parte. La fuerza del argumento reside en la evolución de Elsa, en su propia aceptación y en la búsqueda de la libertad y la autoestima. No en una mala que le da la espalda al mundo. De esas ya tenemos bastantes.

20. Rapunzel. Esto ya es una frikada, pero Rapunzel y Flyn Raider aparecen en la escena de apertura de puertas del castillo. Y a mí estas cosas me gustan.

Una vez más, siento el peñazo que estoy dando con la película y siento haberlo soltado también por aquí, pero creo que es una película bastante subestimada por alguna razón que no acabo de comprender. Venga, gente, despertad: esta película es incluso mejor que Enredados. Y eso es mucho decir.

sábado, 8 de febrero de 2014

Defying Gravity

Tengo una confesión que hacer.

Me gustan los musicales.

Me gustan mucho. Me gustan las películas de Disney, me gusta Annie, Chicago y hasta Pitch Perfect. Me gusta que la gente espontáneamente comience a cantar y a bailar por la calle y que todo el mundo se sepa la coreografía y que al acabar la canción se junten cuatro o cinco voces en armonía.Me enamoré de Sister Act y la veo cada vez que la ponen en la tele. Si 500 Days of Summer me parece una película tan fantástica es, en parte, por la escena en la que Josheph Gordon-Levitt empieza a bailar en el parque. La segunda temporada de American Horror Story es la mejor y, sin duda alguna, The Name Game influye. Jessica Lange es una diosa. Y si estoy enganchada a Glee no es por el argumento. Obviamente. Y no me hagáis hablar de Wicked

Pero me gustan los musicales sobre todo porque pueden hablar de cualquier cosa, y pueden hacerlo de tal manera que no repelan al espectador que no quiere ver desgracias ni que le hablen de las injusticias en el mundo.En Glee se ha hablado del bulling, la homosexualidad, del embarazo adolescente, la bulimia e incluso el suicidio. En la televisión pública americana. A plena luz del día. Chicago habla de un asesinato, del mundo del crimen y de la corrupción judicial. Sister Act, de la mafia y la falta de valores. Wicked es la historia de una revolución, personal y política, el grito de una sola persona que sin más armas que su conciencia se alza contra el régimen.

Y lo cantamos sin darnos cuenta.

Así que sí, confieso, me gustan los musicales. Pero no os atreváis a reíros de mí por eso.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Cansancio

Los días de lluvia siempre me ponen triste. Hay atascos en todas mis vías neuronales y frecuentes choques accidentales contra recuerdos que deberían haberse quedado en casa. Mis emociones se olvidan siempre el paraguas y claro, se calan. Y encima los día-a-días son esas personas odiosas que sí lo llevan y, aun así, caminan bajo techado, obligándolas a esquivar los charcos. Esos charcos que se hacen en mi barrio, que son como océanos en los que ahogarse sin remedio.

Los días de lluvia vienen para mojarme más por dentro que por fuera. Y a mí siempre me ha gustado empaparme.

No me canso de quitarme el sombrero cuando llueve, por mojarme las canciones...

martes, 30 de julio de 2013

Camino

La vida me ha demostrado una y otra vez que es la mejor metáfora que existe de un camino.

¿O era al revés?

No importa. Uno por otra, es lo mismo.

Porque al principio, no se ve la meta; y podemos imaginarla o podemos planearla, pero el caso es que es incierta. Y que cuesta llegar. Vaya que si cuesta. Más aún, si le añadimos el sol, la sed, la altura...



No hay caminos fáciles (si no contamos las caídas... Aunque ahí realmente, no estás andando, ¿no?).

Pero por cansado que estés


Y aunque a veces ni siquiera te llegue el aire


La cima de la montaña siempre tiene su recompensa.



 Y más, cuando se anda en buena compañía.


jueves, 27 de junio de 2013

Latinoamérica.


Hay tantas cosas que no se compran que, a veces, me pregunto para qué tenemos el dinero.

viernes, 7 de junio de 2013

Ya tengo los billetes.



Tengo mi billete para el gran viaje,
el que tiene las mejores vistas.
Tiene montañas, tiene ríos,
tiene vistas que dan escalofríos,
pero seguro que sería mejor contigo.

Todos los viajes son promesa de algo. Son la puerta a lo desconocido, la excitación de lo nuevo, lo exótico, lo interesante. Para mí, un viaje es promesa de días buenos. Me gustan los despegues porque parece que, con esa sacudida en el estómago, dejas en tierra todas las preocupaciones, las dobles intenciones, las miradas de reojos. Dejas todo lo que no quieres llevarte que, normalmente, es todo.

Los viajes son mejores con gente. Porque así no tienes que orientarte siempre tú, y puedes adormilarte sin peligro, y si te pones a gritar de emoción porque "eso lo he dado en historia del arte", puedes agarrar a alguien del brazo como si se lo estuvieses contando y  no pareces tan desequilibrada.

Pero en una semana emprendo viaje. Sola. No voy a encontrar lo desconocido: voy a buscar lo que me falta desde hace año y medio. Están rodeados de cosas nuevas y radicalmente diferentes a mi realidad, pero ellos son los mismos. Y por eso, siento que voy a casa. Y por eso, no me asusta viajar sola.

Aun así, me queda sitio en alguna maleta o, si no, en el recuerdo. Si queréis, os llevo conmigo.

viernes, 17 de mayo de 2013

Música

Para algunos, la música es sólo ruido, o algo que poner de fondo mientras cocinas, o lo que te entretiene en un viaje largo. Pero yo tengo la compulsión de acumular recuerdos, y los meto donde puedo: fotos, libros, lugares y, por supuesto, canciones.

Así que Sínkope me sabe a pesto y a una soledad tan infinita como el mundo. Y Fito es como volver a casa después de un día especialmente difícil; un lugar seguro. Marea huele a hierba recién cortada. Extremoduro, a lluvia. Aunque nunca me he drogado, creo que un porro se parece bastante a Nirvana. Better Man, de Pearl Jam, no se ve, porque se escucha en una habitación a oscuras, una y otra vez, durante toda una noche. Pink suena a las tardes de mi adolescencia más difícil, la que estaban llenas de rabia contra el mundo. Boikot es duro y cansado como dormir en la calle un quince de mayo. Los Beatles son todo lo que no viviré. Talco, todo lo que viviré si me atrevo. Serrat es una curva del Duero y los olmos con iniciales grabadas.

Mi vida se basa en asociaciones, en cadenas de causas y consecuencias, en pilas y pilas de sensaciones que no se olvidan y no se atenúan, se acumulan. Escuchar un par de notas y asignarles un recuerdo es para mí automático. Por eso, no os extrañéis si me veis llorar con los cascos puestos. No preguntéis por qué no quiero volver a escuchar una canción, o por qué no puedo parar de reproducir otra. A veces, la misma.

No intentéis entenderlo. Como en tantas otras cosas, en esto soy una contradicción con patas.

sábado, 6 de abril de 2013

As You Are

Nací hace poco más de veinte años. Hace exactamente diecinueve años, se suicidaba Kurt Cobain. Compartimos el mundo trescientos setenta y un días.

Y sin embargo, cuando él llevaba dieciocho años bajo tierra, yo le descubrí. Una canción tras otra, sin ponerle cara, sin ponerle nombre, hasta que caí en un Unplugged de la MTV. Y me di cuenta de que el tal Cobain, ese drogadicto, ese modernito, ese suicida estúpido, el único al que conocía en aquel momento del club del 27, era más. Era la persona a la que llevaba toda una tarde escuchando, encerrada en mi cuarto, dejando que me reconstruyese.

No conocí a Kurt. Ni siquiera compartimos el mismo aire más de un año. Pero le siento cerca, creo a veces que le conozco, porque nos dejó, me dejó, su música.

Puede que esté sobrevalorado. Puede que su físico y su actitud ocultasen que su música era auténtica basura. Puede ser. No soy objetiva. Pero dado que yo me enamoré de su música antes que de sus ojos azules, me perdonaréis que no me lo crea. Y que lamente que, por una bala, hoy no pueda gastarme un dineral en ir a verle en directo.

Disfrutadle. Yo lo hago a diario.

Come as you are
As you were
As I want you to be
As a friend
As an old enemy...

sábado, 23 de marzo de 2013

Chronos.

Soy consciente de que el dios del Tiempo no tiene muchos fans, y no me extraña. Es cruel, vengativo, implacable y, encima, se comió y se come a sus hijos -tristemente, nosotros-. Maltrató a su padre, a su madre, a sus hermanos, esposa y descendientes; no es un dios muy familiar, que se diga. Lo bueno es que tampoco podemos acusarle de enchufismos ni preferencias: mata a todo el mundo por igual. Como os digo, un dios poco amigable. Goya lo sabía.

Sin embargo, para mí se está convirtiendo cada vez más en, si no un amigo, un colega que, pasito pasito, va poniéndolo todo en su sitio. Y no digo esto con sentido vengativo, de arrieritos somos. Lo digo con el más profundo y sincero agradecimiento hacia Saturno. Porque hay veces que las cosas se desordenan, se cambian de sitio, se van deslizando por la desidia y al abandono, o todo lo contrario, por el uso excesivo se desgastan y estropean, se mueven y acaban en lugares incómodos.

Cuando esto sucede con un calcetín o con demasiada chatarra acumulada en la mesa, es fácil. Cuando lo que se ha movido de sitio son las personas, sus palabras, sus miradas y sus gestos, es mucho, muchísimo más difícil. Y cada vez que me pasa, pienso "Esto puede salir muy bien, o muy mal... Y esto va a acabar muy mal". Por aquello del piensa mal y acertarás, suelo acertar. Pero esta vez, no contaba con la acción del amigo Cronos que, poquito a poco, sin prisa pero desde luego sin pausa, a empujones y toquecitos y, en ocasiones, tropezones de los de partirte los dientes con el canto de la mesa, lo ha ido colocando todo.

No diré que las piezas encajen ya perfectamente. No soy buena con los puzzles. Pero, desde luego, sí están cayendo en posiciones mucho más cómodas. Y eso siempre es de agradecer.


Supe que de algún lejano
rincón de otra galaxia
el amor que me darías,
transformado volvería
un día a darte las gracias.

Un regalo ;)

jueves, 14 de marzo de 2013

Bienhumorando.

¿Habéis visto qué bonita estaba la luna hoy? Parecía una sonrisa, como si hubiese venido a visitarnos el gato de Cheshire. La he visto mientras conducía de vuelta a casa y sonaba una canción genial en la radio y he cantado a pleno pulmón mirando la luna y, a pesar del agotamiento y de los exámenes y del simplemente no poder... He podido.

Porque hoy la luna estaba muy bonita.



Regla #14: Aprende a disfrutar de las pequeñas cosas.

domingo, 10 de marzo de 2013

Piénsame.





Y te pienso. No pienso en ti, te pienso. Hasta que estás conmigo, tumbado a mi lado, hasta que no existe la distancia y el tiempo. Y, durante un compás, soy porque tú eres. Porque te estoy pensando.

Piénsame porque, debes saberlo, yo te pienso.