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lunes, 23 de enero de 2017

Necesito un Frigopie

Cuando era pequeña, me encantaban los Frigopies. A quién no le gustaría un pie de fresa, cremoso y congelado, más grande que su cara. Pero mi madre no me dejaba casi nunca comprarme un helado tan grande, no sé si por evitar que lo dejase a la mitad o porque temía que no lo dejase a la mitad y reventase en el intento. Estamos hablando de una niña de cuatro o cinco años intentando comerse un helado más grande que ella, al fin y al cabo. Así que acababa comprándome un Minimilk o, cuando la ciencia lo revolucionó todo, un Minimilk de Nesquick. Aquellos eran los buenos tiempos.

Pero de vez en cuando, mi madre consentía. Era un día especial, o lo compartía con mi hermana, o había conseguido por fin dar cinco vueltas a la cancha de tenis en mi bici sin ruedines. He de confesar que era, o soy, bastante inconstante con las cosas que no se me dan bien y tardé en saber montar en bici, así que este fue un triunfo merecedor de un Frigopie entero para mí. Recuerdo ese Frigopie como si me lo estuviese comiendo ahora mismo, chupándome la mano entera por esos churretes rosa brillante que me corrían hasta el codo.

Como todo el mundo, más o menos, acabé creciendo y mi cara se hizo más grande que el Frigopie, y mis padres ya no pusieron problemas para comprármelo. No había negociación, ni súplica, ni cesión final en el glorioso y arduo proceso de elección que se desarrollaba cada vez que comprábamos un helado delante del congelador industrial. "Quiero un Frigopie". "Vale". Y eso era todo. Ahora ya no me compro Frigopies. Voy a por los Magnum de sabores exóticos, o a por los monstruosos de veinte capas de chocolate. El Frigopie se me ha quedado pequeño, supongo. 

Crecí y el Frigopie dejó de ser especial. Ya no es una celebración, ni un premio, ni un triunfo ante la autoridad paterna. Es solo un helado. Como pasa con tantas cosas: salir hasta tarde, faltar a clase, comprar una camiseta que no necesito, comer dulces... En un momento u otro, las limitaciones -autoridad externa, falta de dinero, las malditas dietas- desaparecen y todas esas cosas excepcionales se hacen normales. No porque las haga todos los días, sino porque nadie ni nada me impediría hacerlo si quisiese. Supongo que todos necesitamos un Frigopie en nuestra vida: algo que solo podemos tener después de una negociación, después de un logro, en un día especial.

El que algo quiere, algo le cuesta, sí. Pero al que algo le cuesta, más lo quiere, también.



Vivan los costes. Vivan los Frigopies.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Poesía

Hoy, que llueve, que me siento la piel, que he desaprendido casi todo lo que sabía, que me he reescrito, que sé que si pasas algo por el cuerpo te suele decir la verdad... Hoy, prefiero la poesía a las lecciones. 


sábado, 1 de febrero de 2014

Spanish Hustle (La gran estafa española)

El otro día, me puse a investigar las optativas que tendría el año que viene, porque yo soy así, soy Sor Angustias y me agobia el futuro y me puse a investigar. ¿Y qué me encuentro? Pues algo maravilloso. Todavía me estoy riendo. 

Y es que tú en 2º de Bachillerato, cuando todavía eres una delicada flor que no sabe nada de la vida -como si ahora supiésemos algo- te agobias, porque ahí se agobia todo el mundo, y empiezas a coleccionar folletos de universidades y de carreras de manera compulsiva. Claro, llegas a tu casa con una pila de folletos más alta que tú y te das cuenta de que hay que seleccionar. Y después de una tarde preguntándote para qué cogerías tú un folleto de Ingeniería de Caminos, acabas reduciéndolo a dos: Estudios Hispánicos, en la UAM o en la UCM.

Y abres el de la UAM y te encuentras con que en 4º todas las asignaturas serán optativas, y que hay tres itinerarios maravillosos entre los que podrás elegir el que más te convenza. Y suena tan fenomenal que coges y te matriculas. Porque eres tonta. ¿Por qué eres tonta? Porque llegas a 3º y te encuentras con lo que yo me he encontrado. Que esas 19 asignaturas que ofrecían son mentira. Que del itinerario que querías coger sólo quedan tres materias, es decir, menos de la mitad de las que necesitas para acabar la carrera.

Y claro, te sientes estafada. Porque has cogido la universidad más a tomar por saco de tu casa, la peor comunicada y, según vas viendo mientras avanza la carrera, la que tiene los profesores más impresentables, las peores fechas de exámenes, la peor administración de Madrid, por esas seis asignaturas que te habían prometido. Que son mentira. Y lo único que te quedan son las trenzas de chocolate de la cafetería que además no puedes comerte porque, oh sorpresa, tienen trazas de frutos secos. Pues vale.

¿Pensáis que alguien lo sabía? Nadie lo sabía. Porque los pobrecitos de Bolonia nos matriculamos cuando ni siquiera habían creado 4º. Y nadie se molestó en avisar, por supuesto, de que el folleto era basura y que esas asignaturas estaban ahí puestas por si algún día se activaban. Un por si acaso que ha determinado cuatro años de mi vida. No sé si me explico.

Aunque al parecer, tampoco es necesario explicar nada en esta vida.

sábado, 26 de octubre de 2013

GIH20: La lluvia en Madrid

La lluvia en Sevilla será una maravilla, pero lo que es en Madrid... La capital de este nuestro querido país es una ciudad preciosa, llena de personas en su mayoría estupendas -hay de todo, pero aprendiendo a conocernos...- con las que normalmente estoy contenta de convivir. Somos gente maja. Pero ayer leí una de las frases más ciertas que he visto nunca (todos los méritos a @galatea128):


Y es que la lluvia tiene el misterioso y puñetero poder de arrebatarle a una persona todo lo que es suyo.

Lo primero que un madrileño pierde en un día de lluvia es su capacidad de conducir. Y podéis pensar que me refiero a conducir un coche, que es cierto, porque ni siquiera en la más brutal y masiva operación salida encontraréis semejantes atascos, incluso en las calles más diminutas, las de un solo sentido, las peatonales, los callejones donde no caben dos personas a la vez. Atascazo. Pero no sólo. Porque el madrileño medio también pierde la capacidad de conducir un autobús, un metro o incluso un tren de Cercanías. Puede parecer difícil, porque el Cercanías va sobre vías y el Metro es subterraneo. Bajo tierra. Donde no llega la lluvia. Pero es así: si llueve, todo medio de transporte conocido por el hombre irá peor de lo que iba antes. Que ya es mucho decir.

Pero no se quedan ahí. Los habitantes de esta mi bella ciudad, no contentos con abandonar su carnet de conducir, se desprenden muy graciosamente de su carnet de peatón. Y así, nos juntamos con un montón de gente que no sabe a qué altura van los paraguas y, al taparse los ojos, atacan al resto con las varillas -estoy convencida, de forma totalmente involuntaria-; con señoras que, muy preocupadas porque se les moje ese paraguas tan apañaíco, caminan con él abierto pero bajo techado; con jóvenes que se han dejado todas sus prendas impermeables en casa, porque pasan de las banalidades de este mundo, y se cagan en todas las señoras de apañaícos paraguas; niños cabmonísimos que saltan en los charcos para utilizar con propiedad sus katiuskas nuevas... Un jolgorio, una juerga, un frenesí.

Hay que entender que esto viene de la natural dificultad que entraña caminar por la calle, que se multiplica por diez cuando cae agua. Seamos comprensivos. Pero lo que ya es precioso es cuando se olvidan los modales de persona -ya no digo buenos o malos, sólo de persona- en lugares en los que ni cae agua ni hay que moverse. Por ejemplo, el vagón del metro, donde se convierte en una cosa muy normal el abalanzarse sobre los sitios como si desmontasen la mitad de los vagones cuando llueve. O un aula, donde al parecer el mejor sitio para poner el paraguas empapado es un pupitre al azar, preferiblemente uno bien situado, para dejarlo inutilizable para el resto. Gracias, por cierto, queridos compañeros.

Ya lo veis. Poco a poco, el madrileño va dejando de ser un orgulloso habitante de capital para convertirse en una criatura mojada, asustada y fastidiona que ha olvidado cómo ser una persona y sólo tiene una idea en mente: huir del agua. Como si nos diese alergia.

Sabiendo esto, comprenderéis la fiesta que es para mí el otoño. Lo estoy gozando.

martes, 19 de marzo de 2013

GIH19: Las becas.

La educación es un derecho fundamental del ser humano, y como tal debería ser accesible para todas las personas, independientemente de su edad, sexo, religión o capacidad económica. Bien. Creo que hasta aquí, estamos todos de acuerdo. Por tanto, supongo que también estaremos de acuerdo en que la educación pública es bien, la subida de las tasas universitarias es mal y las becas, en todas sus formas y colores, son bien. Perfecto.

Hoy, sin embargo, me encuentro con este notición. Os resumo: a la delegada de educación de Málaga le parece un abuso pedir un 5,5 para conceder una beca. Y aquí es cuando a mí me da el jaridemenagüer. Porque, si bien estoy de acuerdo en hacer la sanidad accesible a todo el mundo, también estoy de acuerdo en premiar la excelencia o, al menos, el esfuerzo. Las becas, señora Patricia Alba, se pagan con el dinero de todos -aunque a lo mejor, en su condición de política, esto se la repanpimfla- y no se puede estar regalando a gente que, además de desfavorecida económicamente, es una vaga que no estudia ni para sacar un 5. Nada te viene de gratis en esta vida, y accesible a todo el mundo no significa envuelta, con un lazo y una dedicatoria de parte de todos los españoles.

Una pequeña aclaración. Abuso y ataque a la equidad, señora Alba, es los requisitos imposibles que tienen algunas becas, que se concedan a dedo, que tarden meses en llegar o que ni siquiera lleguen. Abuso es llamar beca Erasmus a 150€ mensuales, con los que no podrías vivir ni siquiera en tu propia casa, cuanto menos en otro país. Abuso es que te curres una media de sobresaliente durante toda tu carrera para que el dinero de tu beca de excelencia nunca llegue. Exigir que se aprueben todas las asignaturas, que al fin y al cabo es lo que se le pide a cualquier estudiante, no es un abuso: es una obligación moral.

Por otra parte, hacia el final de la noticia llega el siguiente despropósito, de mano de Patricia Navarro, senadora del PP en Málaga, según la cual exigir un 5,5 es premiar "el esfuerzo y el afán de superación y no la dejadez y la desidia". No sé si a esta señora se le ha informado de que en España se puntúa sobre 10 y, por tanto, un 5,5 apenas es el mínimo exigido. Si esto se considera excelencia, me puedo empezar a tocar las narices desde ya, porque no sé para qué me estoy dejando los cuernos intentando conseguir Matrículas de Honor que aligeren un poco mi universidad a mis padres -dado que, con las condiciones imposibles que os contaba, no puedo optar a otra beca-.

No sé si esto es una más de la sarta de despropósitos que deben decir los políticos a diario para mantenerse en su puesto, o es que lo opinan de verdad, y no sólo ellos, sino que es común a los españoles el pensar que exigir apenas el mínimo exigido es, o bien un "ataque a la equidad", o bien un premio a la excelencia.

En cualquier caso, nos merecemos todo lo que nos pase.

martes, 12 de febrero de 2013

GIH18: Obsolescencia programada.

Me confieso: apenas sé cambiar una bombilla, cuanto menos reparar un aparato electrónico de cierta complejidad. Por tanto, creo que queda claro que está fuera de mi alcance comprender los mecanismos físicos, electrónico-mecánicos-jaridemenagüer que hacen posible la obsolescencia programada, es decir, el que un fabricante o un diseñador puedan decidir el momento en el que su producto dejará de funcionar de manera tan irrevocable que será necesario comprar uno nuevo. Lo que sí sé es el mecanismo mental que hace válida esta idea, y el desastre ecológico que esto genera.

El mecanismo mental es simple: dinero. La pérdida sistemática de productos genera consumo, y el consumo genera riqueza, normalmente para el mismo grupito de privilegiados sin escrúpulos de siempre. El desastre ecológico también es simple: un sólo Nokia 282, un ladrillo de los antiguos, es un atentado contra la naturaleza por la gran cantidad de materiales no renovables que se usan en su producción y lo larga y costosa que es su degradación. No puedo, ni quiero, imaginar lo que supondrá un iPhone 5. Y la obsolescencia programada de esta clase de productos sólo hace que la contaminación aumente al 100, 200, 500% de lo que sería necesario. Si es que algo de todo esto es necesario.

He leído en mis apuntes -no me preguntéis cómo podía venir a cuento- que se estaban buscando sistemas planetarios extrasolares, pues esto supondría que este Sistema nuestro y en concreto, claro, la Tierra, no son un hecho aislado, sino que en cualquier otro rincón de la galaxia podrían haberse reproducido las características de nuestro planeta y, por tanto, la vida. Esta información está desfasada, claro, como el libro: actualmente, se conocen 413 sistemas planetarios extrasolares, todavía sin explorar.

Se me ha ocurrido que, a lo mejor, es tan importante que nuestro planeta no sea el único en el que existe la vida, que no somos un hecho aislado, un milagro del Universo, porque sería un consuelo. Porque significaría que no hemos cogido este planeta maravilloso, de cualidades únicas, y lo hemos destruido. Que no hemos devastado la única esperanza de vida que existía. Si hay más planetas, quizá en otro sistema, en otra galaxia, haya unos seres que han sido más inteligentes que nosotros y no la han cagado de esta manera.

Podréis imaginar que, si no entiendo la obsolescencia programada de un teléfono, mucho menos entiendo que nos hayamos permitido el lujo de programar la obsolescencia de la Tierra. Quizá exista vida inteligente ahí fuera. No han intentado contactar con nosotros, y eso ya es un buen indicio. Pero a lo mejor, por muchos planetas que haya, sólo el nuestro ha florecido. Y, durante apenas un suspiro, nos hemos dedicado a pisotear, escupir y salar la tierra que nos sostiene. Somos críos -razón, aquí- y como niños caprichosos nos hemos comportado: hemos vivido el aquí y el ahora, los deseos que nos asaltaban, sin pensar en lo que vendría después.

Hablo en plural, porque yo tampoco me excuso. Tengo un móvil y un ordenador y más cosas de las que necesito. Pero creo que, de vez en cuando, conviene mirar por la ventana y notar que, en lugar de árboles, vemos asfalto.

sábado, 12 de noviembre de 2011

GIH17: Por si acaso.

Hay una cosa que a las personas previsoras (o que por lo menos intentan serlo) nos trae por la calle de la amargura, por el callejón del llanto, por la avenida de las lamentaciones y por el más embarrado sendero del sufrimiento: hacer la maleta.
Y es que vosotros, pobres mortales, a lo mejor llenáis la maleta de ropa, de cosas útiles o que os podéis llegar a poner. Pero mi maleta se llena de por si acasos. Y es que no hay nada peor para mí que el que llegue mi madre y me suelte la bomba: Nos vamos una semana a Oviedo.
*chanchanchan. Truenos, relampagos, gritos de Psicosis de fondo. Histeria colectiva. De mi propio colectivo, que en este caso soy yo en mi misma mismidad intentando averiguar qué llevarme*.

Y es entonces cuando comienza el dolor y el rechinar de dientes. Yo decido cogerme la maleta pequeña porque, por mucho que alguno se empeñe en llamarme capitalista de mierda, no tengo tanta ropa y para una semana tampoco me hace falta llevarme todo mi fondo de armario. Y así, me planto ante esos cajones del infierno y me armo de paciencia y de mi habilidad en el Tetris (bastante buena, para qué negarlo *já*), y me pongo a meter cosas en mi maletita:

-Unas cuantas camisetas. De manga corta y manga larga, claro, que el tiempo es muy imprevisible por aquellas tierras de Dios.

-Un par de pantalones. Bueno, tres, por si me mancho. Bueno, y uno corto, por si le da por hacer calor.

-Un par de sudaderas, por si le da por hacer frío.

-Unas playeras, por si nos da por ir a la montaña.

-La toalla y el bañador, por si le da por hacer sol y puedo ir a la playa.

-El chubasquero, por si le da por llover.

-La bufanda y el gorro, por si le da por nevar.

-El maquillaje, por si a mi padre la da por hacerme fotos.

-El ordenador, por si me da la inspiración y escribo.

-Los Sims, por si me aburro mortalmente.

-El disco duro con películas, por si a mis padres les da por tener un momento fílmico familiar.

-El cuaderno, por si me apetece escribir en el coche (aunque me mareo mortalmente... ¡por si acaso!).

-Las acuarelas, por si me da por pintar el paisaje (no sé cómo, si yo nunca he sabido pintar y menos paisajes, pero bueno, ¡por si acaso!)

-La faldita, por si me da por salir de noche (¿con quién? no sé, pero ¡por si acaso!)

-Los tacones, por si ya me da el jari de arreglarme (¿para quién? creo que sabéis la respuesta...)

-El arpón, por si vamos a cazar tiburones (en el Cantábrico, sí, qué pasa).

-El equipo de cetrería, por si vamos a cazar.

-El vestido de gala, por si nos invitan a una recepción con los Príncipes de Asturias (sí, soy  republicana, pero parece que no escucháis, joder... ¡por si acaso!)

Yo, cuando acaba esta orgía de previsión y dejo de abrumarme con todas las posibilidades que caben en un viaje de una semana a Oviedo, me encuentro con que no me cabe nada en la maletita. Claro, mi vida tiene demasiadas variantes como para caber en una maleta de 50x40.

Personalmente, yo he pensado en unirme al circo. Así, cada vez que nos tengamos que mover, me llevo la roulotte conmigo, y ¡fuera preocupaciones! Aunque no sé si cabrá el tiburón blanco que puede que pesquemos algún día...

sábado, 27 de agosto de 2011

GIH16: Twitter.



Recientemente, volví a Twitter. De momento, leo y retwiteo (quienes no estéis familiarizados con los términos, instruíos vosotros mismos, tengo prisa) pero, dado que ya empiezo a enunciar mis pensamientos en breves frases de no más de 140 caracteres, pronto volveré a publicar cosas. O no. Ya veré. Pero de momento me gusta ver las rayadas mentales de genios como Ángel Martín, Goyo Jiménez, Dani Rovira, Álvaro Carmona, elbicharraco o Lord Voldemort (juro que no estoy loca, ¡buscadle!), las cosas tiernas de Dani Martín o de Ricky Rubio y demás cosas. Twitter está muy bien cuando sigues a famosos porque, si lo hacen lo suficientemente bien, te crees que les conoces y todo.

Sin embargo, en este tiempo he observado que hay tres tipos básicos de usuario de twitter. En mi opinión, uno es correcto y los otros dos merecen morir. 

El tipo correcto de usuario (o el que me gusta a mí, no voy a ser tan categórica) twittea con moderación, ni mucho ni poco. Se ajusta a los caracteres que le dan (esto es importante para el tercer tipo de usuario, retened este dato). Si tienes suerte, es ingenioso, gracioso, inesperado y hasta se entera de lo que pasa en el mundo y lo comenta. Si no tienes suerte, es un poquito moñas o cansino, y si no es famoso te cuenta su vida. Pero incluso estos no son demasiado sufridos.

El segundo tipo de usuario, al que yo asesinaría brutalmente después de hacerle escuchar entero el disco de Justin Bieber (insértese aquí cualquier otro tipo de aberración musical, no discrimino), es el BañoTwitter. Es decir, el que tiene Internet en el móvil, pasea el portátil por toda la casa o ni siquiera se levanta de la mesa del ordenador. Y de paso, te cuenta su vida, desde que se despierta y se quita las legañas, pasando por el desayuno, la visita al baño, las veces que se ha mordido las uñas, cuántas moscas han entrado por la ventana y la música con la que le obsequian los gitanos de abajo. TODO. Todos los detalles de su vida íntima y pública, y lo que es peor, fisiológica, están colgados en la red. Todos los comentarios que se les ocurren sobre la película que están viendo, el libro que están leyendo o la nube con formas graciosas que están viendo, acaban automáticamente en Twitter. Es como el típico amigo pesado que te llama tres veces al día para darte el parte, pero por Internet. Precioso.

Y el tercer usuario es el que no se ha enterado muy bien de qué va Twitter, pero lo usa igual. Suelen ser escritores, periodistas o pseudosabios a los que les gusta hablar mucho y bien y, claro, los 140 caracteres de un tweet se les quedan cortos. Pues usan más. Y en un momento te pueden echar un discurso de dos páginas divididos en miniparrafitos de dos frases. A estos usuarios, con todo mi cariño, les recomendaría que cultivasen el noble arte del resumen o, aun mejor, el de no utilizar las nuevas tecnologías y limitarse al papel, que es lo suyo.

Y sin más, me despido. #TwitterOff.

sábado, 14 de mayo de 2011

GIH15: ¿Por qué?

Y es que los niños tienen una edad maravillosa: La edad del Por Qué. A algunos les llega antes y a otros después, pero suele rondar los cuatro años y se caracteriza por el lamentable hecho de que cada acontecimiento en este Universo es susceptible de ser explicado y, por tanto, está perfectamente justificado que preguntes cuantas veces necesarias ¿Por qué?

Y los desgraciados adultos que a tu alrededor se encuentren tienen dos maneras de enfrentarse a tus preguntas.

La primera, tener paciencia e intentar contestarlas.

-Ainara (sobrina de una servidora que se encuentra en tan maravillosa etapa de su desarrollo...), ven aquí.

-¿Por qué?

-Porque no quiero que te acerques a la plancha.

-¿Por qué?

-Porque te puedes hacer daño.

-¿Por qué?

-Porque quema.

-¿Por qué?

-Porque para alisar el pelo tiene que estar caliente.

-¿Por qué?

-... ¬¬

Insisto en que TODAS Y CADA UNA de las cosas que pasan pueden ser explicadas y, por tanto, nunca se llegará a una respuesta satisfactoria que corte el torrente de preguntas (abundantes pero, como habéis visto, poco variadas).

Una vez el pobrecito adulto ha comprobado que no dejan de preguntar, toma la otra opción, la vía "rápida": no contestar. O el porquesí, que lo llamo yo.

-Ainara, ven aquí.

-¿Por qué?

-Porque sí.

-¿Por qué?

-Porque lo digo yo.

-¿Por qué?

-Porque sí.

-¿Por qué?

-... ¬¬

Y no, efectivamente, no se les puede ganar. Sólo esperar con paciencia (y con mucho cariño) a que lleguen a la siguiente etapa de su crecimiento, igualmente maravillosa y exasperante. Pero eso, para otra entrada.


miércoles, 20 de abril de 2011

GIH14: La Criptografía.


La criptografía.

Según la RAE: Arte de escribir con clave secreta o de un modo enigmático.

Según yo, el noble arte de entender la letra de mi padre. Si puedes leer con fluidez la lista de la compra de mi señor progenitor, los jeroglíficos son un pasatiempo para ti. Yo, que llevo dieciocho años viviendo bajo su mismo techo (como él no se cansa de recordarme...) estoy en el nivel intermedio, así que vosotros, pobres mortales, sois apenas unos principiantes.

Y esto, que puede parecer una chorrada, es algo muy necesario en, al menos, los siguientes dos escenarios:

Entender la corrección de tu examen.

Sí, señores, sí. Porque en la mayoría de los casos (no nos engañemos...) nos da exactamente igual lo que ponga en un examen corregido, bien porque estás de acuerdo con la nota, bien porque te la repanpinfla de tal manera la asignatura que probablemente no sepas ni cómo se llama en realidad. Pero hay casos en los que una quiere, por la razón que se le antoje, saber por qué le han bajado medio punto en una pregunta calcada del libro; y ¿qué se encuentra? Un garabato en el margen.

Claro, ahí no te queda otra que coger tu manual de egiptología, tu diccionario de griego antiguo, el de árabe de los tiempos mozos de tus padres, un par de ejemplares en cirílico y sánscrito y unas cuantas fotos de la cueva de Altamira, en un vano intento de configurar una nueva y mejorada piedra Rosetta que te ayude a descifrar qué mierda pone ahí. Añadamos que normalmente los exámenes no se pueden llevar a casa, con lo cual el día que te devuelven un examen tu mochila pesa más que tú por todos estos tochos que, usualmente, no te sirven más que para tener una hernia y quedarte con medio punto menos.

Y pasamos al segundo escenario: Hablar por el chat del Tuenti/msn/Interné.

Y esto, que puede parecer fácil, porque al fin y al cabo, ¿cómo de indescifrable puede ser la letra de ordenador, tan clarita, tan separadita, tan mona ella?... No os dejéis engañar. En el MSN hablar se convierte en misión imposible cuando seis de cada cinco letras son un iconito que se mueve, pero de esto no voy a hablar porque, afortunadamente, la mayoría superaron esa terrible etapa a los doce años.

Sin embargo, hay ciertas personas indescifrables, bien por su nula expresividad por escrito, bien por la compulsiva necesidad que tienen de comerse letras, tildes, comas y demás caracteres (pobrecitos, no les dan de merendar en casa...), bien porque se creen que pueden escribir rápido y no. Y ya cuando a una de estas personas se les rompe la barra espaciadora, se convierte en el más difícil todavía. De tal manera, la sencilla frase: Llego el sábado por la noche, se convierte en: llegolesabodxlanoex.

Por estas y otras tantas cosas, hermanos, os recomiendo que cultivéis la noble ciencia de la criptografía.

Y que disfrutéis de las vacaciones aquellos que podáis. ¡Feliz Semana Santa! ^^

lunes, 4 de abril de 2011

Señoría... (GIH.13)









Bueno, sí, qué coño.

Que a aquel (seguramente majísimo señor, buen profesor y mejor persona, marido de una señora igualmente admirable y padre amantísimo de tres niños adorables) gilipollas que inventó el madrugar, las ocho asignaturas que tengo, el meter tanto temario que no da el celebro para aprendérselo, en el curso más corto, la necesidad de estudiar, los controles, los parciales (dios mío, los parciales... Los parciales me dan para una entrada entera, ya llegará), los exámenes de evaluación, las recuperaciones, los exámenes finales, lo que viene siendo evaluar al estudiante al fin y al cabo con este método tan inútil como estresante, las extraescolares, los amigos, la familia, las demás relaciones amistosoafectivas que infestan el alma humana (y más la adolescente), las artes, las ocho horas diarias de sueño (já! Me río en la cara del insomnio), las citas médicas, la burocracia, el estar mona o por lo menos presentable y por último, pero por supuesto no por ello menos importante, LA SELECTIVIDAD...

A este señor, decía, le tengo que recomendar que todas estas invenciones suyas se las meta por semejante sitio.

Ahora sí, Señoría, nada más que añadir.


lunes, 21 de marzo de 2011

GIH 12: El Sol.

Sé que a muchas personas nos les hace gracia el verano. Lo coges con muchas ganas pero luego te aburres, es imposible contactar con las amigas, las sandalias hacen rozaduras, se te queda la marca de la camiseta, o a lo mejor eres blanco nuclear y ni siquiera te tuestas un poco, salen a la luz todos esos defectos que la ropa oculta y lo peor, lo peor de lo peor, lo peor de lo peor de lo peor... Se suda. Se suda MUCHO. Hay gente con suerte que suda poco, o que aunque suda está monérrima y siempre ideal (no es mi caso).

Y aun así, a mí me encanta el verano. A pesar de todo lo anterior, por la piscina, el ponerme morenita, el tiempo liiiiibre, el dormir doce horas... Pero sobre todo y por encima de cualquier otra cosa, por el SOL.

El Sol es uno de los inventos más maravillosos que pueblan el planeta. Y me doy cuenta de todas las inexactitudes que hay en una sóla frase, pero me da igual. Salir de casa y que ya haya amanecido, es una de las cosas más bonitas que me han pasado últimamente. Salir del instituto y que siga haciendo bueno, poder ir a tirarme un rato en la hierba a querer vivir allí para siempre, es una cosa maravillosa. Pero, esmátediré, llegar a casa después de clase de inglés y que todavía sea de día... Oh. Oh oh oooooh. El Paraíso.

Sólo con que haya sol, el día se arregla. Y no me importan los exámenes, las horas de más, estudiar o el sueño. Porque hace bueno.

Qué gran invento, el Sol ^^

miércoles, 10 de noviembre de 2010

GIH11: Los auriculares

El otro día me di cuenta de que, nada más salir de casa, me colocaba la música y ahí fuera se quedaba el mundo, que yo tenía mi universo interior funcionando a ritmo de Extremo. Me importan tres pepinos las conversaciones de mi alrededor, los ruidos de la calle, la cadena de radio que ponga el conductor del autobus... Es que me da exactamente igual, vamos. Yo tengo mi musiquita, mi pensamientos, mi cosa interior intrínseca de todo ser humano, y al resto que le zurzan.

Y pensé, qué egoísmo por mis partes. Qué desinterés en mis coetáneos. Qué desapego por las personas, tú, que te dices gran humanista y todo ese royo que tan bien queda en un blog o delante de toda una clase de ciencias. Vergüenza debería darte, ¡vergüenza!

Así que cogí y, una mañana, me quité los auriculares. Apagué el i-pod y escuché atentamente a la gente de mi alrededor, a ver qué tenían que decir. A ver qué captaba de las vidas ajenas.

¿Sabéis qué?

Que me aburrí como en mi vida.

La gente del autobús puede tener comportamientos extraños, puede ser graciosa a veces, puede levantarte el ánimo -o hundírtelo completamente- en un día determinado. Pero, en general, es aburrida. Por eso se inventaron los reproductores portátiles y los auriculares. Puede sonar horrible, ¿verdad? La gente es aburrida, por eso se inventaron aparatos que nos cierran los oídos y nos convierten en islas.

Pero esto, amigos míos, es la más pura verdad.

Besos de hielo!

miércoles, 13 de octubre de 2010

GIH.10: Los dichos populares.


Y, en concreto, hoy me gustaría llamar la atención sobre uno en particular. Uno que, me juego los dedos de los pies, todo el mundo ha oído por lo menos una vez en su vida, seguramente dicho por una madre o una abuela que se creen imbuídas de la sabiduría popular, cuando en realidad sólo están poseídas de una mala baba y un recochineo muy particular. Sí, señoras y señores, hablo del famoso:

Lentejas: si quieres, las tomas; y si no...

Y si no también, vamos. ¿A quién creen que engañan? ¿O es que acaso en alguna casa de este, nuestro país, es una opción dejarse las lentejas? ¿¡Eh?! Os desafío, lectores de este blog, que si alguno ha podido en alguna ocasión, bajo cualquier extraña circunstancia -admito abducciones maternas por parte de extraterrestres, alineaciones planetarias y pulpo como animal de compañía- dejarse las lentejas, que lo diga. Aquí y ahora.

Porque estoy segura de que no he sido, ni seré, la única que ha resoplado o puesto carilla de pena ante un plato de lentejas... Y no es que no me gusten estas legumbres, porque de hecho son de las que más gracia me hacen, pero ante un mar lentejil equiparable al Mediterráneo, plagado de chorizo y esos peacho trozos de pimiento que le echa mi madre... Pues que a veces se me quitan las ganas, oiga.

Y ahí es cuando entra mi madre con la frase, preparada como para pegarte la estocada mortal: "Hija, ya sabes, lentejas... Si quieres, las tomas; y si no, las dejas". ¡Já! Me río en la cara del peligro. Que se te ocurra insinuar, a media cucharada de la muerte, que ya no quieres más. Que se te pase por la cabeza poner cara de agonizar para no comerlas... Amos, amos, lo último que le podía pasar a tu madre.

Así que, ya sabéis, niños, el refranero español es sabio, pero también mentiroso. Comeos las lentejas, coñe!

Besos de hielo!

jueves, 22 de julio de 2010

GIH.9: Las canciones que cuentan historias



Me envalentono y te digo que tienes los ojitos como fruta del olivo.

-Que no, primo, que yo me voy con el sol y por mis muertos que tú no amaneces conmigo.

Quiero que se quede y se sube al tejao, con un ojo abierto y el otro entornao, pa ver si caemos mis penas y yo en algún descampao. Y me encaramo como puedo, giñao, con las manos sudando. En cuanto le dije "te quiero", ya estaba roncando, soñando de nuevo.

Me encorajino y decido:

-Sé que té serás mi niña, que te casarás conmigo.
-Pesao, que eres un pesao,otra vez te lo digo:me voy cuando quiera y cuando quiera te olvido.
-Te he escrito un poema de esos agarraos, quiero amaneceres contigo a mi lao.
Ella me cierra la puerta:
- ¡Venga ya, hombre! A cualquier cosa le llaman poeta.

Si es cierto mejor me despido, la aurora me pilla llorando. Me acuna y dice que se ha ido para que no sufra, que duerma tranquilo.

-No quiero tu amor temporero, tu flujo de hiel, tus ganas de perder... Aunque sé que si te vas me quedo en ná, no pienso caer, no me voy a joder. Porque sé que me acecha el día y el sol
pa follarme a cara de perro y decirme, lo que vas a hacer con tu mierda de poemas, ¿sin su olor, sin su piel?

-Ordeñaré las ubres de la luna y en cuanto amanezca, yo dosifico a pala y pico el sol.

viernes, 4 de junio de 2010

GIH8: Las chanclas.


Hace dos días, como todos los santísimos veranos, me compré unas chanclas. Negras, esta vez. Dos tiras, una suela, sencillitas. Fresquitas y cómodas, pensaba yo. Parece que, de un año para otro, olvido dos cosas fundamentales en mi verano: la marca del reloj, y las necrosis que me provocan las chanclas. Porque, no sé si lo sabréis, pero yo soy lo más torpe que existe para el calzado -un día os hablaré de los tacones...-. Y, por tanto, llevar estas chanclas supone para mí una lucha a muerte para mantenerlas pegadas a mis pies, y no dejarlas atrás según camino. Esto convierte andar en una tarea agotadora, subir las escaleras difícil y bajarlas prácticamente imposible. Todavía no he probado a andar en cuesta, pero debe ser un máster en equilibrismo.

Pero mi cuerpo vive en un dilema. Por una parte mi cerebro, que es sabio, mis tobillos -que ven la posibilidad de romperse ahí, cercana en su horizonte- y mis piernas suplican que abandone mis intentos desesperados de llevar chanclas, y vuelva a mis amadas Converse, que me hacen ojitos desde el armario. Por otra parte, mis pies suplican no morir asados en su propio jugo, y alaban la brisilla que les acaricia con las chanclas. Son unos cachondos...

Por suerte, ayer mi cerebro y demás partes del cuerpo ganaron un aliado: el pulgar de mi pie izquierdo. Tropecé. Me clavé las chanclas. Ahora mi pulgar es un poco más largo, y las chanclas tienen algo más de sangre incrustada en el punto en que las tiritas se juntan y se convierten en una trampa mortal.


Espero que el año que viene, ya que he escrito esto, recuerde esta tortura y no vuelva a comprarme esos instrumentos del infierno, que prometen y prometen tardes de dar vueltas y felicidad, y lo único que dan son dolor y lágrimas. He dicho.

Besos de hielo!

domingo, 9 de mayo de 2010

GIH.7: Los grupos de Facebook

Porque todos sabemos, por lo menos por lo menos, un grupo de Facebook. Aunque ni tengamos Facebook (pero sí, yo lo tengo xD).

Porque, para quien no lo sepa, los grupos de Facebook son la herramienta más poderosa para ganar una discusión. Porque, si un grupo de Facebook te ampara, tienes detrás a veinte mil personas diciendo lo mismo que tú. ¿Por qué? Porque con las afirmaciones de estos grupos pueden pasar dos cosas:

a) Que sean gilipolleces que siempre has pensado, por lo que te unes sin pensarlo, porque parece que alguien te ha leído el cerebro y lo ha trasladado a la pantalla.

b) Son obviedades tan obvias, pero tan graciosas, que te parece que lo has pensado toda la vida. Y te unes.

Si me habéis seguido, llegáis a la misma conclusión que yo. TODO EL MUNDO SE UNE.

Un día, un grupo de Facebook dominará el mundo. Y mientras los políticos discutiendo xD

Como ellos solos hablan sin necesidad de que yo añada nada más (aunque algún día procederé a comentar más extensamente algunos de los mejores...), aquí os dejo algunos de los mejores. Y sí, pertenezco a la mayoría xD

-Yo también le doy tema de conversación al profe para no hacer clase (

-Señoras de los pueblos que preguntan "¿Y tú de quién eres?"

-Viva el cambio climático. Que se derritan las figuras del museo de cera.

-Que alguien se esté riendo y decirle "pero si tú no estabas"

-A mí también me gusta Dani Mateo cuando tira la basura.

-Si no sabes distinguir entre A VER y HABER mereces morir.

-Yo también creo que Ted es padre soltero.

-¿Quieres un chicle? ¿Que si quiero o que si tengo?

-Yo sobreviví al test de Cooper

-Saco el móvil, miro la hora, lo guardo, ni puta idea de qué hora es.

-Yo también he cantado "Movierecord" en el cine

-A Belén Esteban le va a durar la nariz lo que a mí la batería... 4 rayitas

-Yo también comí el ColaCao a cucharadas y me dio tos.

-Yo pertenezco a la generación que sufrió los enjuagues con fluor de fresa.

-Los amigos del Facebook no son pokemons, no tienes que hacerte con todos.

-...Y Buffy mató a Edward Cullen. Fin.

-Yo no elegí nacer en MADRID, simplemente tuve suerte.

-Las ganas que tengo de estudiar, y lo bien que me las aguanto.

-Siempre que veo un capítulo en seriesyonkis pienso: Cuándo duerme Danko?

-Si las cucarachas sobreviven a un ataque nuclear... ¿Qué coño lleva el Cucal?

-Yo tampoco sabia qué coño hacer con el color blanco del plastidecor

- Odio qe me despierten preguntando si estoy dormido

- mi madre también se inventa la hora que es cuando me despierta

- el dia que Alex Ubago tenga novia y sea feliz, se acabó su carrera musical

- yo tambien dije "trae, que tu no sabes!!" y yo tampoco supe

- Chinos que ven una película de chinos mientras te atienden

- Por qué viene una tia del futuro a explicarme como funciona la lejía???

- No entiendo como la gente duerme en el metro y se despiertan en su parada

- Yo también creo que en humor amarillo moría gente

-(todos listos para la foto)”Ai no, esta grabando”

-Yo tambien de pequeño decia "inglish pitinglish"

-Yo tambien he gritado: FOTO TUENTI.

-Odio ser bipolar. Es la cosa mas fantástica del mundo...

-Siempre quise lanzar una bomba de humo y desaparecer con una risa malevola.

-Siempre qise subirme a un taxi y gritar: "siga a ese coche!"

-Señoras que dicen ''Niño, pasame eso, que está ahí, encima del este''

-Meti a un sim en la piscina y quité la escalera para ver como se ahogaba

- Seamos realistas; nadie hará una fila y saldrá en calma si hay fuego

- Deberíamos poder decir "XD" en persona!!!

-Tendría que existir una tecla que sea: "@hotmail.com" !!

- Siempre he querido darme la vuelta en la silla y decir: "Te estaba esperando..."

- Ah si? - NO, pero.. a que molaria?

- a mi tambien me han dicho los profes: tu escribes en la mesa de tu casa?

-Pensar en la teletransportación cuando tienes que volver a casa de fiesta

-Yo nunca vi correr a mi profesor de Ed.Fisica ¬¬

-Vivo con miedo a que callejeros me grabe borracho y lo vea mi madre

-padres que te hacían mentir sobre tu edad para entrar gratis a los sitios

-Yo también mataria al listo que inventó el limite de tiempo del Megavideo

-Amaia, todavia estamos esperando a que escribas la cancion mas bonita del mundo

-España entera esta deseando que Andreita cumpla los 18.



Y sobre todo, los grandiosos:

A los que estamos hablando y decimos: Pues hay un grupo de Facebook que...

Cuando voy por la calle, ya no veo personas, veo grupos de Facebook.


Feliz semana ^^

Besos de hielo!

lunes, 22 de marzo de 2010

Esa gente del Metro


1. Una chica escucha música en un MP3 viejo, cuyas piezas se mantienen unidas por cuatro vueltas de celo roñoso. Mirando la pantalla apagada del aparato, lleva el ritmo con la cabeza. De pronto, sonríe, se ilumina, levanta el MP3 y lo mira como si le hubiese echado un piropo. Y se ríe.

2. Una chica sube las escaleras "analógicas" de dos en dos, mientras el resto la miran desde las mecánicas. Al llegar fuera, se acerca a un chico que la espera. Van a darse dos besos, dudan, se ruborizan. De repente, ella le planta un beso en la boca y, antes de poder alejarse, él la rodea con sus brazos.

3. Una anciana se levanta y se dirige a la puerta. De pronto, el tren se detiene bruscamente al entrar en la estación, y la mujer se tambalea, a punto de caer. Un hombre de unos cuarenta la sostiene, y ella le sonríe y le da las gracias. Luego, le acaricia la mejilla suavemente y sale del vagón.

4. Una chica apoya la cabeza en el hombro de un chico, con cara de cansancio y pena. De pronto, saca el móvil del bolsillo y mira la pantalla, leyendo un mensaje. Y se echa a reír y a llorar. A la vez.

5. Dos chicos, sin ni siquiera mirarse, chocan las manos cuando uno entra y otro sale del vagón. Sin más.

6. Una chica sale del vagón con cara de despiste, casi corriendo. Justo cuando suena la sirena de "Prohibido entrar o salir", vuelve a entrar. A la parada siguiente, hace lo mismo. Y a la siguiente. A la cuarta, va la vencida y no la vuelvo a ver.

7. Un niño, de pronto, se suelta de la mano de su madre y serpentea entre la gente que llena el vagón, corriendo en desesperada huida. Su madre le persigue, sin querer gritar, pero con la angustia pintada en los ojos. Tan repentinamente como se ha soltado, el niño de para y vuelve con ella. Se bajan en la parada siguiente, fuertemente cogidos de la mano.

8. Dos chicas, sentadas en el suelo contra la puerta, ríen a carcajadas. Poco a poco, van reduciendo las risas, hasta que, con un suspiro de cansancio, juntan sus frentes y cierran los ojos. Cuando llegamos a la siguiente parada, ya se han dormido.

9. Un chico se asoma por la puerta al llegar a la estación y comienza a llamar a gritos a alguien, haciendo gestos para que le vea. Justo cuando suena la sirena, otro chico salta dentro del vagón, y ambos se abrazan, riendo.

10. Una chica repasa sus apuntes. Para delante, para atrás, susurra algo, para delante, para atrás, para delante otra vez... De pronto, grita con frustración y tira las hojas, que se esparcen por el suelo del vagón. Sin mirarlas una sola vez más, se baja en esa estación. Sus folios quedan en el suelo, sin que nadie quiera recogerlos.

11. Un chico se agarra con las dos manos a la barra central del vagón, apoya la cabeza y cierra los ojos. A las tres paradas, empieza a roncar. Siete paradas después se endereza, se coloca la cazadora y sale por la puerta, como si nada hubiese pasado.

12. Una chica se pone Marea en el i-pod a todo volumen, y observa. Mira, curiosea las vidas ajenas, las recuerda.